lunes, 15 de abril de 2013

El alcoholímetro

Cuando uno es joven, se contenta con seguir formándose, con ir avanzando poco a poco en diferentes disciplinas, mejorar, estudiar, conocer a personas interesantes. Luego, te acabas titulando y piensas que una oportunidad no estaría mal para poder seguir formándote mientras ganas un dinero, claro. Siempre hay alguien mejor, alguien cuyo curriculum parece más abultado, con más idiomas (véanse los presidentes del gobierno sucesivos), mejor universidad... Te conformas porque eres humilde.
Los peinados cambian; las actitudes no.

A medida que creces y vas compartiendo información y adquiriendo ese olfato crítico que te concede un aire de cinismo con el que te sientes a gusto, descubres noticias como la siguiente y piensas que los momentos que mejor aprovechaste fueron aquellos en los que mandabas a la mierda los estudios y decidías salir, y acababas emborrachándote y conociendo a gente interesante que te hacía reír.

Pensadlo: para que salga un exabrupto como éste, el nivel de juerga debe ser alto. EUA no quiere borrachos en la ONU.

No pongo más comentarios. La noticia da para muchas reflexiones, teniendo en cuenta que vivimos en un país donde se le da a probar alcohol a los niños en las celebraciones, se considera como marca nacional una imagen promocional de una marca de brandy y tenemos ex-presidentes del gobierno que apelan a la libertad para exigir su derecho a conducir ebrios. Ciertamente, habría que poner un alcoholímetro a la entrada de las sesiones del Congreso.